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Nueva masacre en Huancabamba

Nueva masacre en Huancabamba
Por: Julio Castro Castro
Diario El Tiempo, 07 de diciembre de 2009

El D.L. 286 dado por este gobierno, autoriza a la Policía a disparar a ciudadanos que participen en protestas sociales, eximiéndola de sanción alguna y ha sido el marco legal para la reciente masacre policial en Huancabamba. La PNP -una vez más- ha actuado como fuerza de seguridad de la minera Río Blanco/Zijin, para amedrentar a los comuneros ante la defensa de sus justos derechos. El país debe recordar la desafortunada frase del presidente García “disparen primero y pregunten después”, y sus recientes declaraciones justificando este exceso policial. El miércoles 2 pasado, a las 4:00 p.m. en el caserío Cajas- Canchaque del distrito Carmen de La Frontera (Huancabamba) una delegación policial incursionó para detener a Lorenzo Rojas, sindicado como “posible autor”, del igualmente execrable asesinato de empleados del ilegal campamento Río Blanco. La versión del general Rivera-máximo jefe policial- fue que “cientos de comuneros armados incluso con armas de fuego agredieron a los miembros policiales que iban a hacer cumplir la ley, ante lo cual, se vieron obligados a repeler el ataque efectuando algunos disparos y retirándose del lugar con policías heridos de bala”. Resultado de esa incursión: dos comuneros muertos y seis heridos de bala. Nunca se mostró a los policías heridos de bala ni se publicó reportes médicos. Recién anteayer jueves 3, el general Rivera habría mostrado a la prensa una camioneta policial con impactos de bala, atribuidos a los comuneros. Las preguntas pertinentes son ¿Por qué recién muestra esa camioneta y no antes? ¿Quiénes son los policías heridos de bala? ¿Hay informes médicos? El suscrito entrevistó a los comuneros heridos ambos en las piernas. Eulalia Romero, una modesta campesina, pequeña y delgada, -quien aparenta más de 60 años- me dijo acongojada: “nosotros estábamos cosechando nuestras arvejitas, y al terminar bajamos a nuestras casitas, cuando llegaron dos camionetas con policías a llevarse a un vecino. Nos juntamos los vecinos y les dijimos cómo van a hacer eso, con qué derecho. Entonces empezaron a golpearnos, con puñetes y patadas. Al ver que daban duro a un vecino caído, fui a defenderlo. En ese momento la Policía empezó a disparar y me hirieron en la pierna. Al escuchar los disparos, llegó mi hermano Vicente, y la Policía le disparó en la espalda, matándolo al igual que a don Cástulo Correa. Hirieron a otros vecinos más, y luego se fueron”. Quienes conocemos a los comuneros de la sierra piurana, sabemos que ellos no portan armas de fuego. Si la PNP subió por una pendiente de 80° aproximadamente, ¿cómo se explica que los comuneros muertos presentan herida de bala por la espalda, con trayectorias de arriba-abajo y atrás-adelante según necropsias de ley? Hechos como estos aumentan la desconfianza ciudadana en una Policía cada vez más desprestigiada, que masacra pobladores, coimea a choferes, asalta en bandas, ejecuta sumariamente delincuentes, adultera u oculta partes policiales, es abusiva con los débiles y servil con los poderosos. Esta masacre no contribuye al diálogo y cultura de paz. Por el contrario, divide más a los peruanos y criminaliza el derecho a la protesta social. El país exige una exhaustiva e imparcial investigación y sanción para los autores de estos crímenes. No puede haber paz social sin justicia.

Fuente: Diario El Tiempo
http://www.eltiempo.pe/diciembre2009/edicion-06-12-2009/opini%C3%B3n123.html

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